No más que una historia El viejo estaba sentado en la banquita, afuera de la casa de Luis. Esperaba siempre, no se sabe muy bien qué. Luis llega esa tarde y lo invita a pasar. —Pasa abue entra a la casa. —¿Cómo has estado? Pasaron un rato hablando de todo un poco, de algunas cosas que lamentaba el viejo. Luis conocía ya la historia que él mismo deseaba dejar atrás de una vez por todas. El papá de Luis había muerto hace años atrás, y el abuelo sentía una tal culpa que le carcomía el espíritu. Luis ya había intentado toda clase de artimañas para hacer sentir mejor al viejo, pero nada servía, ahora solo escuchaba aceptando que no cambiaría la forma de sentir de su abuelo. —¿Y ahora qué mi viejo? —Andalé, vamos a la cocina a ver que nos dejó la Manuela para cenar. El viejo se incorpora siguiendo a Luis. —Traigo un trompo para jugar con Esteban, y una matatena ¿sabes? —Los niños de ahora están pegados a esas minitelevisiones que no los dejan, les habitan la cabeza, les roban el último pensa...