Hechando fuego

Un día se levantó sin saber lo qué iba a causar.
Estaba harta de mirarse al espejo y de verse agotada.


Llamó a su peluquera, y después se pasó al spa de moda

donde le hicieron masaje y  facial. 


Como no le alcanzaba mas el bajo presupuesto del que disponía, 

simplemente, arreglo la ropa que ya tenía, 

abrió el estuche de maquillaje 

E hizo lo que estuvo a su alcance.


Prometió ahorrar para cambiar esas viejas pantaletas de licra

por unas tangas sensuales de seda.


Nunca imaginó que el pobre que cayó, 

cayó perdidamente enamorado de ella.


—Pero si yo nada más quería despertar la pasión perdida en mi casa, no despertar la pasión en casa ajena— dijiste con aire juguetón.


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