Leerte
Leerte.
Cuando te leo, te leo en silencio, en la noche, a las 12 am para darte toda mi atención. Te leo como si fueras Biblia para unos y Corán para otros.
Tus palabras penetran en mi mente. Y este ritual se repite, noche tras noche sin interrupciones cotidianas. Y entiendo lo que me cuentas, hacía dónde vas, de dónde vienes. Muchos de estos lugares, los cuáles yo también conozco, lugares en los que yo también he estado. Pones palabras en mi boca a lo que yo no sé cómo explicar.
Enciendo una veladora, y dejo que los chirridos de los grillos me acompañen.
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